Las guardianas de la biodiversidad de Pichincha e Imbabura, en Ecuador
Aves y Conservación, socia del CEPF en Ecuador, lideró una iniciativa con tres grupos de mujeres para impulsar su rol en la conservación de Áreas Clave de Biodiversidad en Pichincha e Imbabura.

En los bosques del Hotspot Andes Tropicales, la conservación toma otro sentido de la mano de mujeres que trabajan por su autonomía económica y, a la vez, son protagonistas de la protección de la biodiversidad y los recursos de sus comunidades. Las Áreas Clave de Biodiversidad (KBA) de Pichincha e Imbabura, en Ecuador, fueron testigo de cómo las mujeres de sus territorios se convirtieron en agentes de cambio.
Esto fue posible gracias al proyecto «Fortalecimiento de las mujeres en la conservación y reducción de la amenaza de incendios», impulsado por la organización Aves y Conservación, con el apoyo del gobierno de Canadá, a través del Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF).
La iniciativa permitió constatar que el conocimiento de las mujeres rurales sobre los recursos naturales es clave para una conservación efectiva. La experiencia que ellas tienen en el manejo del agua, las plantas y los alimentos contribuye a mantener el equilibrio con la naturaleza y fortalecer la resiliencia comunitaria. De esta forma, tienen la capacidad para promover una gestión ambiental más equitativa y sostenible.

El trabajo de las guardianas de Pichincha e Imbabura
El proyecto trabajó con tres grupos de mujeres en las KBA de Mindo y Estribaciones Occidentales del Volcán Pichincha, Intag-Toisán y Parque Nacional Cotacachi Cayapas. «Impulsar la participación de la mujer en la conservación ha sido el enfoque principal de este proyecto», explicó Tatiana Santander, Coordinadora del Programa Chocó Andes de Aves y Conservación.
Gracias a la iniciativa, al noroccidente de Pichincha, en la comunidad de Alambi, el grupo de viveristas Raíces Nativas, conformado por 10 mujeres y 3 hombres, ha fortalecido su organización y reconocimiento local. No solo pudieron establecer el vivero, sino que lograron apalancar otros recursos, lo que llamó la atención de diferentes iniciativas.
Raíces Nativas hoy forma parte de la Red de Viveros del Noroccidente de Pichincha. El grupo ha colaborado con otras organizaciones como el Fondo para la Protección del Agua de Quito (FONAG) en procesos de restauración con especies altoandinas.
Mediante la capacitación y diversificación de actividades, el vivero y jardín de plantas nativas se han convertido en un espacio para el intercambio de experiencias y educación ambiental. Allí, las y los visitantes pueden conocer el proceso de propagación, observar las interacciones entre las plantas y las aves que llegan al jardín y participar en recorridos educativos.
Sumado a ello, y en coordinación con la Fundación Jocotoco, pronto el grupo presentará un paquete para promover la conservación, la educación ambiental y el turismo responsable mediante la visita a la reserva Yanacocha y la comunidad de Alambi.

Las mujeres en conservación: un rol determinante
Por otro lado, la Asociación Artesanal Mujer y Medio Ambiente de Plaza Gutiérrez, en Intag, conformada por 20 socias, ha fortalecido su emprendimiento de artesanías elaboradas con fibra de cabuya. Mediante un estudio de mercado, identificó los productos con mayor demanda e interés. Con la data recopilada, desarrolló una nueva colección, mejoró la visibilidad de sus productos y abrió nuevas oportunidades comerciales.
Estas acciones no solo impulsan la autonomía de las mujeres rurales, sino que también promueven prácticas sostenibles, basadas en el uso responsable de los recursos de los que dependen. Por ejemplo, la cabuya para la obtención de fibras o diferentes plantas nativas para elaborar pigmentos. Además, complementan su labor con actividades de turismo vivencial, guiando a las y los visitantes que recorren la Ruta de la Cabuya para conocer el proceso artesanal que preserva su cultura y su entorno.
Con orgullo, el valle de Intag nació el primer grupo de mujeres observadoras de aves: Las Guarguaritas. Tomaron su nombre en honor al corcovado dorsioscuro (Odontophorus melanonotus), un ave emblemática de la KBA Intag-Toisán, que simboliza su compromiso con la biodiversidad de su territorio. Conformado por 18 profesionales y habitantes locales, el grupo recibe capacitaciones en identificación y monitoreo de aves.
Las actividades realizadas durante la iniciativa han contribuido a mejorar la participación de las mujeres y su aporte al conocimiento científico, a través de las salidas de observación de aves y eventos de ciencia ciudadana. De igual manera les ha permitido integrarse a otras iniciativas locales de educación ambiental, como brigadistas comunitarias en Manejo Integral del Fuego, apoyo a los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD) o aplicar el conocimiento para sus propios emprendimientos como es el manejo del café orgánico.
El futuro de la conservación en buenas manos
Apoyar a las mujeres para consolidar sus emprendimientos, fortalecer su liderazgo y darles voz en la toma de decisiones ambientales, demuestra que cuando ellas lideran, las comunidades y la naturaleza prosperan.
“Ha sido invaluable compartir historias inspiradoras con cada una de ellas, en sus diferentes contextos y realidades. Saber que el generar espacios seguros de discusión, oportunidad de capacitaciones e intercambios de experiencia puede mejorar la vida de las mujeres, no tiene precio. Este trabajo evidencia que su participación activa es esencial para la sostenibilidad y el éxito de los proyectos de conservación en los Andes Tropicales.”
Tatiana Santander, Coordinadora del Programa Chocó Andes de Aves y Conservación.
Acerca del CEPF
El Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF) es una iniciativa conjunta de La Agencia Francesa de Desarrollo, la Conservación Internacional, la Unión Europea, la Fundación Hans Wilsdorf, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, el Gobierno de Japón y el Banco Mundial. El programa del CEPF en los Andes Tropicales está financiado por el Gobierno de Canadá a través de Asuntos Globales Canadá. La meta fundamental es asegurar que la sociedad civil se dedique a conservar la diversidad biológica.
